La industria de la transformación de materias primas en productos para diferentes usos ha crecido de manera exponencial, y con esto, la necesidad de mantener un control sobre todos los artículos que se crean. La única manera de lograrlo, es estableciendo un código para cada producto que es expedido, ensamblado o generado por cualquier método. En este artículo hablaremos sobre el grabado láser, pero antes debemos conocer a sus antecesores, mismos que mencionaremos en los siguientes párrafos.

En la batalla inicial para obtener el control, se iniciaron los códigos de barras, estos generados a partir de una serie de barras paralelas estableciendo un lenguaje con los espesores de cada barra. Para generar estos códigos, era necesario imprimirlos en papel auto adherible para después pegarlos en los productos. Pero… ¿Qué pasa con los artículos que no tienen espacio suficiente? ¿Qué pasa con los todos los productos que están sujetos a una carga de trabajo que impide adherir estampas?

Existe un sinnúmero de materiales, piezas y productos en general que por su naturaleza, composición o el trabajo que realiza, resulta imposible pegarle algo para poder identificarlo. Sin dejar de lado el largo tiempo que deben mantenerse pegados para que a la hora de necesitar ser cambiados, se pueda encontrar el numero de pieza exacto para sustituir.

La complejidad de esta situación, llevó a los especialistas a desarrollar un sistema que pudiera quedar grabado a la pieza que sea, sin afectar la composición o balance de la misma. Primero llegaron los pantógrafos, que no son más que una punta de diamante, presionada contra el metal y moviéndose en cualquier sentido deseado. Unos años después, con la generación del CNC (Control Numérico por Computadora), se adaptaron controles automáticos para estos pantógrafos. Estos duraron varios años, pero nunca pudieron abarcar el mercado completo, ya que existen muchos materiales que debido a su tipo de trabajo, no podían ser lastimados así por una punta de diamante.

La solución llegó con el cambio de siglo, un invento novedoso que abatió cualquier sistema de grabado para metales: el grabado láser. Este invento se basa en un sistema galvanométrico, acelerando el proceso de grabado a tiempos inimaginables, desbastando alrededor de una micra por pasada, es prácticamente imperceptible, pero a la vista, es completamente legible.

Este tipo de grabado puede generarse por varias formas de rayo láser, mediante diferentes sistemas que tienen funciones de grabado diferente. A continuación mencionaremos lo más destacable de cada tipo:

Láser de CO2

Empezando por el láser de CO2, éste sirve para grabar superficies no metálicas, y puede ofrecer un excelente acabado en materiales como vidrio, piedra, granito, tela, madera, acrílico, cualquier aglomerado de madera, casi cualquier plástico, etc.

Láser generado por una bomba de diodos

El láser generado por bomba de diodos se concentra en los metales, aunque también puede grabar plásticos y otros materiales obscuros. La bomba de diodos se debe estar ajustando y brindándole mantenimiento constante.

Láser de fibra óptica

El láser generado por fibra óptica graba prácticamente los mismos materiales que el anterior. La diferencia entre ellos, radica en la manera en que se genera el láser, y el mantenimiento que requieren los equipos. La fibra óptica ofrece un grabado más veloz, más preciso, y 100% libre de mantenimiento.

El grabado láser llegó para quedarse, pues ofrece una solución que ningún otro proceso ofrece. Además, no sólo puede utilizarse para llevar control de inventarios, sino también para grabar diseños por motivos estéticos.

Si deseas más información sobre este proceso y sus aplicaciones, no dudes en contactarnos. Con gusto te atenderemos.

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